El comic en el aula
Los cómics son una excelente manera de
probarles a los chicos y chicas que las mismas palabras pueden
significar cosas muy distintas dependiendo del tono en el que se digan.
Hay niños y niñas a los que se les escapan las sutilezas en un texto
escrito y necesitan una ayuda extra, un gesto, un dibujo. Leen “sí,
claro” y no saben si el personaje en cuestión está realmente diciendo
que sí o está siendo irónico; en un cómic no hay duda, porque nos lo
dice el lenguaje corporal del personaje. Los “actos de habla” tienen poco que ver con la gramática y mucho con la intención, y
cuando tenemos alumnos que, ya sea por problemas de competencia
lingüística o porque no están lo suficientemente maduros, no son capaces
de detectar el tono del mensaje, es muy difícil hacérselo entender en
otros géneros.
Los cómics o las viñetas suelen tener una extensión menor que un libro o ciertos cuentos y relatos, por tanto requieren menor tiempo de lectura
y van genial para trabajar en el aula. Una página entera se lee en un
momento y nos permite trabajarlo con más tranquilidad que un texto más
extenso, pero si lo hemos elegido bien podemos sacarle mucha miga.
Además, por esa percepción de sencillez que aún tenemos, los
niños y niñas lo ven como un juego, un descanso entre lecturas “más
serias”, por más que nos puede permitir trabajar un montón de
competencias e incluso unir la clase de lengua con plástica.
Al hilo de esta última característica, los cómics son un gran género para trabajar la escritura
que muchas veces ignoramos. Conseguir decir algo mediante imágenes,
onomatopeyas y diálogos cortos parece fácil, pero basta que nos pongamos
a ello para que nos demos cuenta de que la brevedad y la capacidad de síntesis es algo que no todo el mundo tiene,
aparte de lo difícil que pueda ser dibujar un cómic como es debido. Yo
lo comparo siempre con la gente que consigue arrancarme una carcajada en
Twitter: ser gracioso en 140 caracteres es muy difícil, y resumir un
sentimiento en una onomatopeya también.
Los cómics son un género que parece que va entrando en el aula, aunque sea poco a poco.
Uno de mis objetivos de este año es completar la pequeña biblioteca de
mi clase con una colección de cómics en inglés, porque es un género que a
mi alumnado le va genial. Lo que me temo es que voy a tener que
conseguir un ejemplar para cada niño y niña, porque si no va a haber más
que palabras (incluidas “¡zasca!”, “¡bum!” y “¡toma!) por hacerse con
ellos.
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